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EL FANTASMA DE CANTACLARO
Estando, allá, por Caracas esta historia me sucedió
Para ser más exacta diré que en el hipódromo residía,
en el sector, llamado Poliedro, que de verde se vestía
En una noche plena de luna, y un cielo regado de estrellas
me fui para las tribunas a conversar con la soledad
para cambiar impresiones de vida y Revoluciones
Nos sentamos cómodamente, yo con ella y ella conmigo.
Ella hablaba de Chávez. Yo, de Revolución.
Sin saber de dónde vino, apreció de la nada
un apuesto mocetón que se acercó de buena gana.
Le pregunté a la soledad que es mi hermana
si por esas cosas de la vida, ella, lo invitó. Nada respondió.
Lo miramos y estudiamos de la cabeza a los pies.
Era bien plantado, pintaban canas sus sienes,
sus ojos eran brazas relucientes.
Su voz me envolvió en un susurro,
con metafórico verso fue dejándome como ausente.
Su hablar me hizo saber que era hombre del llano.
Me dije en el pensamiento:
Llanero de Venezuela y montañés de mi Chile
son personas parecidas en su manera de hablar.
Le hice saber al instante que mi padre fue montañés.
Caballo y hombre en mi Chile, allá en el sur de mi patria, le dije,
son como dos hermanos como es hombre y caballo
en el llano venezolano.
Me fue contando de la dureza en que vive el hombre llanero
su batalla con la natura y la guerra con la sabana.
Hablaba del sol inclemente
que al negro vuelve retinto y al blanco vuelve catire.
Mi mano fue agarrando, entre las suyas,
descubriendo su corazón.
Me habló de soledad y de las penas de amor.
Me dije pa`mis adentros en el decir montañés,
“Te estay quedando en Venezuela, bendita mujer poeta,
te está enamorando un llanero
de los mismitos que a ti te gustan.
Y yo seguía soñando mientras hablaba el llanero.
“Catira, el llano y la sabana son desafíos duros
p’al hombre de Venezuela. Yo tengo un nidito de amor
que muy solito se encuentra, yo quiero mostrarte el llano,
el Apure y la sabana”
Me fue cayendo una duda y le hice una pregunta
pa’ ver que me contestaba.
¿Llanero, tú, te has enamorado?
¡No! respondió al instante, ¡Yo tengo contra pa’ eso!
Y estas palabras sumó: ¡Vamos, yo quiero mostrarte el llano,
aquí tienes mi remonta!
¡Mi madre! me dije al instante,
¡si esas palabras yo las conozco!
El hombre que se pasea entre sabana y llano
dicen que se fue con el diablo,
que se llamó Cantaclaro.
Lo dijo un escritor hermano
maestro y presidente,
llenó de orgullo a su Venezuela,
que, inspirado por los llaneros
pintaba con letras de oro
el contenido de sus novelas.
Me fui tragando, de a poco, el miedo de mi garganta.
Una copla vino volando de los labios del llanero
“Hay, si yo pudiera llevarte
y darte mi corazón.
Pondría mi llano a tus pies
si tu bebieras mi amor”
Sin saber, cómo ni de donde, vino esta copla a mi boca
“Si este cuerpo estuviera vivo,
tuyo sería llanero.
¡Hace tiempo que está muerto,
lo mató el amor primero!
Le dije, con un susto aquí en el pecho,
¡Yo también soy alma en pena!
Tu conmigo habla derecho, dirás lo que tengas que decire
Tu nombre es Florentino, apodado Cantaclaro
a quien Juan Parao llamaba, mi buen amigo, catire
Fuiste burlando mujeres,
apeadas en tu remonta,
Cantaclaro, dicen, que tú eres
el que, con el diablo se las jugó.
Perdiste la apuesta, catire,
en tu propio caballo, el demonio, te remontó.
Ahora, sube a tu pingo y agarra firme la rienda,
vete por donde viniste, anda, no te demores.
Cantaclaro tú eres leyenda, llanero de mis amores.
Esto me sucedió, estando por esos rumbos,
Florentino, apodado Cantaclaro,
quiso mostrarme sus llanos,
ofreciéndome su remonta el llanero venezolano.
Cantaor de buenas coplas y andariego,
un personaje famoso
parido por la pluma de Rómulo Gallegos.
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